Inmigración

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Una gran invocación para salir de los recintos, de fronteras que se convierten en cárceles y barreras, para redescubrir el mundo como “una casa común”. Los líderes de las religiones, que desde todo el mundo han acudido a Madrid para celebrar el encuentro internacional de Sant’Egidio en el “espíritu de Asís” Paz sin fronteras, han querido dar voz al “lamento silencioso y al grito de quienes son excluidos del bienestar como si no fueran hombres o mujeres como nosotros”. Y, sobre todo, de quien es víctima de las numerosas guerras que todavía hay en nuestro mundo. Desde Madrid se ha alzado un fuerte "no" al extremismo religioso y a la tentación antigua de creer que los grandes problemas se pueden solucionar estando solos.

En una plaza de la Almudena ocupada por miles de participantes provenientes de toda Europa para vivir tres días de diálogo y participar en las 27 mesas redondas que se han desarrollado en la capital española, se celebró la ceremonia final: “Nos preocupan las futuras generaciones – reza el llamamiento de los líderes religiosos – porque vemos que se consume el único planeta de todos como si fuera solo de algunos. Porque vemos la reaparición del culto de la fuerza las contraposiciones nacionalistas, que han provocado grandes destrucciones a lo largo de la historia. Porque el terrorismo no deja de golpear a gente inerme. Porque parece que el sueño de paz se ha debilitado", treinta años después de la caída del muro de Berlín que había dado tanta esperanza al mundo. Las guerras y la paz, las epidemias, la seguridad y la ciberseguridad, los desplazamientos de poblaciones, la sostenibilidad del planeta y el calentamiento global, el final de la amenaza nuclear y la reducción de las desigualdades son temas cuyo alcance “va más allá de un solo país”.

Pero este encuentro internacional también hace una petición concreta: “Pedimos a todos, a los responsables políticos, a los más ricos del mundo, a los hombres y mujeres de buena voluntad, que proporcionen los recursos necesarios para evitar que millones de niños mueran cada año por falta de atención médica y para poder mandar a la escuela a millones de niños que hoy no pueden ir. No nos escondamos detrás de un muro de indiferencia”.

El cardenal Carlos Osoro Sierra, que ha impulsado junto a Sant’Egidio el encuentro, habla de días “en los que hemos sido alentados a no ser islas, a no sembrar prejuicios, sino la paz, porque la humanidad lleva inscrita en su interior la vocación de la fraternidad;”. È Sí, algunos intentan recuperar las fronteras, en el que el mexicano padre Alejandro Solalinde, amenazado repetidamente por los narcotraficantes, ha definido de manera evocadora como un “tiempo migrante”, pero –advierte el presidente de la Comunidad de Sant’Egidio, Marco Impagliazzo, desde el gran palco de la plaza de la Almudena– “el cielo es uno solo” y a él se dirigen todos, “tanto en la desesperación como en la alegría, tanto desde los precarios refugios bajo las bombas en Siria como en el culto de las iglesias, de las sinagogas, de las mezquitas, de los templos”.

En Madrid todos fueron unánimes también en la defensa del medio ambiente: “Hoy – destaca Impagliazzo – manifestamos nuestra solidaridad con los pueblos de la Amazonia. El aire que respiramos no conoce aduanas: es el mismo para todos. Los jóvenes han sido los primeros que lo han comprendido y se movilizan en todo el mundo con generosidad por un planeta vivible. Y han sido muchos, los jóvenes que han participado en este encuentro nuestro de Madrid”. Al terminar se anunció la ciudad que albergará el próximo encuentro internacional en el Espíritu de Asís: en 2020 en Roma.
 

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