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Andrea Riccardi

Fundador de la Comunitat de Sant'Egidio
 biografia

Sus Santidades,
Señor Presidente de la República,
Ilustres líderes de las grandes religiones mundiales:

Este encuentro de oración y diálogo por la paz, que estaba programado desde hacía tiempo, se ha visto reducido a su forma esencial a causa del difícil momento actual. Agradezco al señor Presidente de la República que haya querido participar en él. Doy las gracias a cuantos han viajado para estar aquí presentes, como el patriarca Bartolomé y otros. 

Hoy, las comunidades religiosas han rezado una junto a la otra y ahora lanzan –a través de algunos representantes– un mensaje de paz. El gran cambio que supuso el Encuentro de Asís, impulsado por Juan Pablo II en 1986, y gracias al cual se habla del "espíritu de Asís", fue que las religiones no siguieran viviendo ni rezando una contra otra como en los largos periodos de extrañeza u odio. Hoy rezan una junto a otra. Entonces, Juan Pablo II dijo: "La paz espera a sus profetas. Juntos hemos llenado nuestra mirada con visiones de paz que liberan energías para un nuevo lenguaje de paz, para nuevos gestos de paz, gestos que romperán las cadenas fatales de las divisiones heredadas por la historia o creadas por las ideologías modernas".

En los casi treinta y cinco años que han pasado, se han desencadenado energías creadoras y liberadoras de paz. Por desgracia algunas situaciones de convivencia se han ido deteriorando y se han abierto nuevas guerras. Con todo, debemos reconocer que también nuevas paces han sido posibles (porque la paz siempre es posible) y un clima de diálogo y fraternidad se ha instaurado entre las religiones. Estas han respondido con firme claridad a la instrumentalización de la religión con fines violentos. 

Hemos rezado unos al lado de los otros, porque la oración es la raíz de la paz, que purifica el corazón del odio y pide a Dios el fin de toda guerra. En el palco están juntos representantes de distintas religiones, como un arco iris de paz: su diversidad no impide un mismo sentir fraterno y pacífico, sino que muestra que, en la diferencia, comparten plenamente una visión de paz. Eso no habría sido posible no hace mucho. 

De la oración conjunta brota la palabra. El mundo tiene sed de palabras verdaderas que iluminen el futuro, tan incierto. En muchos países se vive un momento grave en el que no se puede estar en silencio. Hay que dar voz y solidaridad a todos los que se han empobrecido con la pandemia, a todos los que sufren desde hace tiempo, a quienes sufren por guerras aún en curso, casi todas olvidadas porque hoy nos centramos principalmente en nuestras enfermedades o en nuestros problemas. Los creyentes acogen los gritos de dolor de quienes sufren en la oración que manifiesta la necesidad de una nueva visión del futuro. Se han disipado las visiones de ayer y hay muchas ansias por el mañana. 

El papa Francisco, a quien agradezco por su palabra de orientación, en Hermanos todos ha invitado a buscar el futuro a la luz de la fraternidad: "Solos –ha escrito– se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos". ¡Hemos ido tras muchos espejismos! Al final se han desvanecido: el mito de la economía que lo resuelve todo providencialmente, el mito del hombre fuerte, la ilusión de imponer las razones de uno con la violencia o la guerra y muchos más. 

Los espejismos se transforman en pesadillas, la peor de las cuales es la guerra, dominadora de países enteros en el Mediterráneo y en otros lugares. La guerra es la madre de todas las pobrezas. Sus frutos son también los refugiados que llaman a nuestras puertas. Incluso el sueño del más rico y del más fuerte, si está solo, se transforma en una pesadilla y a veces no solo para él.

Creyentes y líderes de las religiones han rezado juntos esta tarde. Ahora escucharemos sus voces. El mensaje que expresan las religiones viniendo aquí es que no nos salvamos solos, de espaldas a los demás, contra los demás. Es algo que vale para Europa. Es algo que vale para todos los continentes. Es algo que vale también para cada ciudadano. Las tradiciones religiosas transmiten un mensaje con un mismo sonido: paz significa construir juntos en el diálogo, sin excluir u oprimir al otro. Las religiones viven de diálogo, porque su primera obra es la oración que es diálogo con Dios, como decía Pablo VI.

No salvarse solo abre el camino a visiones compartidas y a un sueño por la humanidad. El papa Francisco ha escrito: "Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos...". Así sueñan los creyentes. Ayudan a soñar a los que necesitan ser liberados de la pobreza. A los enfermos. A las víctimas de la guerra, empezando por los niños. A los refugiados. De hecho, como afirma Paul Ricoeur: "las religiones tienen un sentido: liberar el fondo de bondad de los hombres, ir a buscarlo allí donde se oculta".