12 Septiembre 2023 18:00 | Berlino

Intervención de Marco Impagliazzo



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Marco Impagliazzo

Presidente de la Comunidad de Sant'Egidio
 biografía
Con gran emoción tomo la palabra en este lugar donde la historia ―para bien y para mal― ha hablado mucho. Me pregunto, nos preguntamos: ¿un encuentro como el nuestro no entra también en la historia de esta ciudad? Y podríamos añadir también ―tal como hemos oído en las sabias palabras de los representantes de las religiones que han hablado estos días―: ¿nuestro encuentro no está provocando un movimiento, tal vez pequeño pero decisivo, un movimiento destinado a convertirse en una ola larga, una ola de bien para muchos pueblos? 
 
Con toda humildad, creo que sí. 
 
Aunque no nos demos cuenta, en la historia hay movimientos profundos que provocan mutaciones, transformaciones que en un momento dado emergen y se ven claramente. Hoy estamos en uno de esos momentos ―casi milagrosos― en los que todo se ve más claro. 
 
Creo que tras 37 años de camino, desde Asís hasta Berlín, debemos decir que realmente algo profundo ha cambiado en el mundo de las religiones. En esto ha caído otro muro. Sí, ha caído un muro de desconfianza, de ignorancia y de sentimiento de superioridad de unos hacia otros. Hoy, después de muchos años de camino común, vemos caer este muro que nos separaba. Las religiones, a pesar de su diversidad, han aprendido a convivir, a ser complementarias y solidarias, a no luchar entre ellas, a no competir entre ellas sino a estar unas junto a otras, unas al lado de las otras. Este cambio histórico se ha producido porque las religiones han hecho de la paz su lengua común. Es decir, han creído en el poder que la palabra tiene para cambiarlas: una palabra de paz, amistosa, respetuosa y mansa pero que tiene una gran fuerza histórica. 
 
Hoy hablamos la misma lengua, la de la paz. 
 
Es un gran resultado con el que nos presentamos aún más creíbles frente a este mundo: más creíbles frente a la política, a la diplomacia y a la cultura. Hoy los Estados están más distanciados entre ellos que las religiones. Así pues, somos más creíbles frente a nuestra gente y frente al mundo. 
 
El deseo de paz hoy adquiere más credibilidad porque observamos con tristeza, y a veces con horror, que se ha desperdiciado, se ha maltratado, se ha pisoteado la paz en muchas situaciones. Y eso provoca grandes sufrimientos en las personas. Hemos sentido la urgencia de ese dolor y hemos trabajado en nosotros mismos para ser todos juntos discípulos de la paz. 
 
Hoy lo decimos con una energía renovada: las religiones no son un fenómeno residual, algo del pasado, del mundo de ayer, sino que forman parte del presente y miran al futuro del mundo, purificadas por numerosos errores y esfuerzos. Esta es una gran riqueza que da esperanza a los pueblos. 
 
Las religiones dicen al mundo que la paz es posible, incluso allí donde parece que no haya espacios u otras vías de salida. Las religiones dicen que la historia puede cambiar porque la oración al Todopoderoso pone el mundo en manos de quien venció lo imposible. 
 
Estos días hemos escuchado muchas cosas hermosas, palabras llenas de esperanza que se han convertido en un recurso inesperado que se nos ha revelado. Vemos con nuestros ojos lo que Andrea Riccardi define como las sorpresas de la historia. Sí, la historia está llena de sorpresas. En Berlín nos hemos sorprendido con alegría al observar cómo caía otro muro. 
 
Somos diferentes, pero juntos somos más fuertes y solidarios, y estamos unidos en la búsqueda de la paz y en el aprecio que los creyentes han aprendido a tener los unos por los otros. 
 
Esta sorpresa de la historia crea un futuro común. De eso no podemos más que estar felices juntos. Aquí vemos un gran recurso para la paz en el mundo que nos da esperanza.